Exploraciones en el Templo XIII

Las referencias alusivas al Templo XIII son escasas y escuetas. La razón principal es que el templo se encontraba totalmente derruido desde siglos atrás y no llamó la atención de los primeros visitantes y exploradores que visitaron el sitio a finales del siglo XVIII y la primera mitad del siglo XIX. No es sino hasta el año de 1889 cuando Alfred P. Maudslay, en su levantamiento topográfico del sitio, nos muestra por vez primera la ubicación y topografía del templo y quién lo asigna con el número XIII.

En la visita que realiza Frans Blom en 1923 nos deja una pequeña mención: "Al O. del Templo de las Inscripciones encontramos dos estructuras, de las cuales la número XII (más bien se refiere al XIII) es un montículo sobre una terraza en un nivel un poco mas bajo del nivel del Templo de las Inscripciones. El otro edificio queda todavía un poco más al O. y consiste en un templo de corredores paralelos. Solo la parte E. del edificio está conservada (Blom, 1991: 142-143)."

En 1954 Alberto Ruz Lhuillier inicia trabajos de exploración y consolidación del templo, dejando intacto el basamento que lo sustenta. El edificio ofrece todos los rasgos arquitectónicos del tradicional templo palencano. Dichas características incluyen un pórtico de tres entradas y una crujía interna dividida en cuarto central y dos laterales. Durante los trabajosos de excavación en el pórtico descubrió una tumba saqueada en tiempos prehispánicos que contenía 25 cuentas de jadeita, restos de pintura verde y rojo; así como piezas dentarias y fragmentos de hueso sumamente deleznables (Ruz, 1958: 135).

Finalmente en 1973 Jorge Acosta concluye la esquina noroeste del Templo de las Inscripciones, interviniendo así mismo parte del primer y segundo cuerpo del basamento que sustenta el Templo XIII y que hacen esquina con las Inscripciones (Acosta, 1975).

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(Mapa: Ed Barnhart/FAMSI.)