La versión postclásica de un trono de jaguar (este tipo de trono tiene añejas raíces en la mitología maya de la Creación) ha sido hallada en al menos dos sitios de Chichén Itzá: uno de ellos ha conservado mucho de su apariencia y color originales (está pintado de rojo brillante y las manchas de su pelaje están marcadas por incrustaciones de jade, en tanto que sus ojos son dos turquesas) y fue hallado en el interior del "Castillo", asociado con una fase temprana de dicha estructura. El que se muestra aquí está colocado en el umbral de acceso al Templo Inferior de los Jaguares, justo al Oriente del gran Juego de Pelota. Siglos de exposición a los elementos y las vicisitudes del tiempo han dejado únicamente la estructura de piedra de lo que alguna vez debió ser un trono sumamente ornamentado.